
Mónica, una jovencita catalana de quince años, se encontraba en una etapa dura de su adolescencia, en la parte en que pierdes los amigos por un motivo realmente insólito.
Tenia ansias de expresar sentimientos y explicar acontecimientos que le sucedían el día a día, y quedarse más cómoda al notar que alguien la ayudaba con consejos o explicaciones.
Se sentía atraída por la desición de entrar en un foro para conocer a una de las miles personas que navegaban por internet, que fuese lo que ella realmente buscaba, y lo encontró, una chica más o menos de su edad que vivía en Valencia.
Se hicieron amigas y pronto quedaron para verse de cualquier forma, en el pueblo de Mónica.
- ¿Eres Dánia? -preguntó Mónica intrigada.
- Sí, sí, y tu debes de ser Mónica- respondió sorprendida.
- Sí, soy Mónica, esque he visto los pelos rubios y largos como la foto que me mandaste, y he creído que eras tu- dijo con la voz un poco temblorosa.
- Pues yo a tu no te he reconocido a simple vista, estás un poco cambiada respecto a las fotos.- Afirmó Dánia observándola.
- Esque durante estas semanas he creído que un corte de pelo no me sentiría mal, y me lo he cortado bastante. - dijo Mónica.
- Pues te queda bien. - Dijo como convencida Dánia.
- Y el viaje, ¿muy largo?- Preguntó Mónica.
- Cuatro hora más o menos, en coche, pero bien porque tenía ganas de conocerte en persona.- Respondió Dánia.
Mónica sonrió.
- Ven que te enseñaré el pueblo. No es de lo mejorcito, pero haces una vida muy tranquila y relajante. A mi me gusta mucho porque al invierno tengo las pistas de esquí no muy lejos de aquí. - Dijo Mónica.
- Que bien. Yo en cambio, en mi ciudad hay siempre una aglomaración de coches y personas delante de mi casa, y no es nada relajante, nos molesta mucho a todo el vecindario. - aseguró Dánia.
- Me lo imagino. -Mónica hizo una pausa- Tranquila, estos días iremos a hacer excursiones por los altos pirineos catalanes, y respirarás el aire más limpio y puro de Cataluña. Notarás una sensación de libertad.
- Eso espero. Y qué, ¿como te va con tus comañeras de clase? - Preguntó Dánia.
- Ahora la cosa está mejorando, incluso me invitaron a ir al cine, y nos lo pasamos de lo más bien, pero aún no les tengo la suficiente confianza como para explicar todo lo que te cuento a ti. - Respondió decidida Mónica.
- Tranquila, todo se irá solucionando hasta que llegaréis a ser amigas de verdad. Para mi Mónica, eres mi mejor amiga, y no sé si ya te lo había comentado. - Afirmó Dánia.
- Y tu para mi también. Me entiendes y me aconsejas y te lo agradezco muchísimo, e incluso pienso que fue una buena idea aquella tarde de inegrarme en un foro. - Dio las grácias a Dánia.
- Y fíjate, de una pantalla de ordenador nos encontramos cara a cara; me ha hecho mucha ilusión. - Afirmó Dánia.
- Bueno, vamos ha hacer una vuelta y a conocer la naturaleza de este pueblo. Ya verás como te gustará, además, hace muy buen día. - Comentó Mónica.
- Si, y tengo ganas de conocer a tus padres y tus hermanas; seguro que són muy agradables y sonrientes como tú. - Dijo Dánia.
- Mónica, ¿ya ha llegado la chica?- Gritó des de la ventana de casa, con una enorme mata de flores que subían por la fachada.
Tenia ansias de expresar sentimientos y explicar acontecimientos que le sucedían el día a día, y quedarse más cómoda al notar que alguien la ayudaba con consejos o explicaciones.
Se sentía atraída por la desición de entrar en un foro para conocer a una de las miles personas que navegaban por internet, que fuese lo que ella realmente buscaba, y lo encontró, una chica más o menos de su edad que vivía en Valencia.
Se hicieron amigas y pronto quedaron para verse de cualquier forma, en el pueblo de Mónica.
- ¿Eres Dánia? -preguntó Mónica intrigada.
- Sí, sí, y tu debes de ser Mónica- respondió sorprendida.
- Sí, soy Mónica, esque he visto los pelos rubios y largos como la foto que me mandaste, y he creído que eras tu- dijo con la voz un poco temblorosa.
- Pues yo a tu no te he reconocido a simple vista, estás un poco cambiada respecto a las fotos.- Afirmó Dánia observándola.
- Esque durante estas semanas he creído que un corte de pelo no me sentiría mal, y me lo he cortado bastante. - dijo Mónica.
- Pues te queda bien. - Dijo como convencida Dánia.
- Y el viaje, ¿muy largo?- Preguntó Mónica.
- Cuatro hora más o menos, en coche, pero bien porque tenía ganas de conocerte en persona.- Respondió Dánia.
Mónica sonrió.
- Ven que te enseñaré el pueblo. No es de lo mejorcito, pero haces una vida muy tranquila y relajante. A mi me gusta mucho porque al invierno tengo las pistas de esquí no muy lejos de aquí. - Dijo Mónica.
- Que bien. Yo en cambio, en mi ciudad hay siempre una aglomaración de coches y personas delante de mi casa, y no es nada relajante, nos molesta mucho a todo el vecindario. - aseguró Dánia.
- Me lo imagino. -Mónica hizo una pausa- Tranquila, estos días iremos a hacer excursiones por los altos pirineos catalanes, y respirarás el aire más limpio y puro de Cataluña. Notarás una sensación de libertad.
- Eso espero. Y qué, ¿como te va con tus comañeras de clase? - Preguntó Dánia.
- Ahora la cosa está mejorando, incluso me invitaron a ir al cine, y nos lo pasamos de lo más bien, pero aún no les tengo la suficiente confianza como para explicar todo lo que te cuento a ti. - Respondió decidida Mónica.
- Tranquila, todo se irá solucionando hasta que llegaréis a ser amigas de verdad. Para mi Mónica, eres mi mejor amiga, y no sé si ya te lo había comentado. - Afirmó Dánia.
- Y tu para mi también. Me entiendes y me aconsejas y te lo agradezco muchísimo, e incluso pienso que fue una buena idea aquella tarde de inegrarme en un foro. - Dio las grácias a Dánia.
- Y fíjate, de una pantalla de ordenador nos encontramos cara a cara; me ha hecho mucha ilusión. - Afirmó Dánia.
- Bueno, vamos ha hacer una vuelta y a conocer la naturaleza de este pueblo. Ya verás como te gustará, además, hace muy buen día. - Comentó Mónica.
- Si, y tengo ganas de conocer a tus padres y tus hermanas; seguro que són muy agradables y sonrientes como tú. - Dijo Dánia.
- Mónica, ¿ya ha llegado la chica?- Gritó des de la ventana de casa, con una enorme mata de flores que subían por la fachada.
- Mira, aquí está, ¡se llama Dánia!- Gritó Mónica para darle respuesta a su madre.
-Venga subid, que os haré merienda, y sabrás lo que es la mermelada de ésta región.- Afirmó la madre de Mónica.
-Creo que pasaré unos días inolvidables en ésta pequeña aldea; seguro.- Se dijo a si misma Dánia.
Y se fueron a su casa por un callejón estrecho con el suelo de piedras muy pequeñas engalzadas entre si, sonrientes y encantadas de conocerse para compartir una futura amistad.
